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Cómo interpretar un hemograma

septiembre 11, 2020

El hemograma es un análisis que se realiza para conocer la proporción de los diferentes componentes de la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas, hemoglobina, etc.) y detectar posibles alteraciones –mayor o menor concentración– que puedan definir la existencia de algún tipo de patología.

Normalmente, en el impreso en el que se entregan los resultados vienen indicadas las cifras mínimas y máximas entre las que se sitúan los niveles de normalidad y se señalan con un asterisco los valores obtenidos de, por exceso o defecto, se consideran patológicos. Pero, ¿qué se esconde tras ese asterisco? Por supuesto, es el médico quien debe analizar conjuntamente los resultados, pero siempre es conveniente tener una pequeña orientación sobre el significado de las alteraciones detectadas:

  • Hematíes o glóbulos rojos. Los niveles bajos pueden indicar la existencia de una hemorragia o una anemia, mientras que si su número es superior al normal (poliglobulia) indica que la sangre es más espesa y existe un riesgo de que se formen trombos en el interior de los vasos sanguíneos, que luego pueden desencadenar una trombosis, una angina de pecho, un infarto o un ictus. Esta última situación se da con frecuencia entre los fumadores.
  • Hematocrito. Viene a ser lo mismo que el caso anterior, sólo que el número de glóbulos rojos se expresa como porcentaje sobre el volumen total de sangre. Los niveles bajos, además de anemia y embarazo, pueden indicar la existencia de enfermedades como leucemia, hipertiroidismo, trastornos de la médula ósea, etc. Si es elevado, su valor es indicativo de sangre espesa, problemas cardiacos, enfermedades crónicas respiratorias, deshidratación, etc.
  • Hemoglobina. Esta proteína que se encuentra en el interior de los hematíes, es la que hace que la sangre sea roja y se encarga del transporte de oxígeno. Su nivel es bajo cuando hay anemia y elevado en caso de poliglobulia, cardiopatías enfermedades respiratorias crónicas y personas que viven a gran altitud.
  • VCM. Son las siglas de lo que se denomina volumen corpuscular medio, un término que define el tamaño de los glóbulos rojos. También la anemia es uno de los motivos de que esta cifra esté por debajo de lo normal, mientras que se eleva en personas alcohólicas o que tienen estados deficitarios de ácido fólico o vitamina B12, así como problemas hepáticos.
  • HCM. Corresponde a lo que se conoce como hemoglobina corpuscular media o, lo que es lo mismo, la cantidad de hemoglobina que hay en cada glóbulo rojo. Con ella se puede identificar el tipo de anemia existente: si es bajo será anemia ferropénica y si es elevado por déficit de vitamina B12 o ácido fólico.
  • Leucocitos. Son los glóbulos blancos, que se encargan de activar las defensas del organismo frente a los agentes patógenos externos. De hecho, cuando el recuento es elevado puede indicar la existencia de una infección. Sin embargo, en el hemograma se tienen en cuenta los diferentes tipos de leucocitos que pueden encontrarse en el organismo:
  • Linfocitos. Si están bajos evidencian lo que se conoce como linfopenia, que indica un estado inmune debilitado, como sucede en personas sometidas a tratamientos inmunosupresores o de quimioterapia. Si su concentración en la sangre es elevada puede deberse a un proceso infeccioso, una respuesta alérgica a algún medicamento o una leucemia.
  • Neutrófilos. Su recuento se eleva en caso de infecciones, quemaduras, procesos inflamatorios, hemorragias agudas, insolación, etc. La neutropenia, que es como se conoce el trastorno definido por un recuento bajo, indica una importante susceptibilidad a contraer infecciones.
  • Eosinófilos. Están elevados en personas que padecen enfermedades del aparato digestivo, como la enfermedad de Crohn, o pulmonares; así como alérgicas o infecciones parasitarias, bacterianas o víricas.
  • Plaquetas. Son los componentes de la sangre que permiten cerrar las heridas mediante el proceso de coagulación. Cuando sus niveles son bajos (trombocitopenia) puede deberse a que la médula ósea no funciona correctamente o que se acumulan en exceso en el bazo, lo que implica un elevado riesgo de hemorragia al no poder desarrollarse con normalidad el proceso de coagulación. También puede ser que el sistema inmune destruya las plaquetas, como sucede en alguna enfermedad autoinmune (púrpura trombocitopénica). Los niveles elevados de plaquetas indica un claro riesgo de formación de trombos.
  • VSG. Es la velocidad que necesitan los glóbulos rojos para sedimentarse. No suele estar por debajo de los niveles normales, pero cuando está elevada puede indicar la existencia de enfermedades graves, como linfomas, mielomas, leucemias o patologías como el lupus eritomatoso o la artritis reumatoide. Sin embargo, es importante tener en cuenta que durante el embarazo, la menstruación o en edades avanzadas el hecho de que se eleve el nivel de VSG puede considerarse como normal.